LAS DALIAS

Cuando el frío y las heladas del invierno empiezan a remitir es el momento adecuado para plantar las dalias, que florecerán durante el verano y el otoño. Las formas enanas se propagan por semillas y son las ideales para ser cultivadas en jardineras. El resto de variedades  también por semillas pero, sobre todo, por la división de los tubérculos. Resultan muy espectaculares cuando se plantan en grupo. Con las flores pueden confeccionarse hermosos ramos. Prefieren los lugares soleados y los suelos bien drenados. Es muy importante para el éxito de su floración abonarlas con abono rico en nitrógeno todas las semanas, al menos, durante la época estival.

                                                          

El origen de esta flor de miles de colores y formas está rodeado de leyenda y se pierde entre los misterios de los antiguos aztecas. Originaria de Méjico, la dalia es citada por primera vez en el año 1651 por Francisco Hernández, médico de Felipe II, por sus propiedades calmantes y lenitivas. Un siglo después, era la flor preferida de los que serían los últimos reyes de Francia, Luis XVI y Maria Antonieta, que la utilizaban en los banquetes, tanto para adornar las mesas como para acompañar los postres con sus pétalos de dulce sabor. Esta misma pasión compartiría Josefina Beauharnais, mujer de Napoleón y la única persona en París que poseía dalias. Se pusieron tan de moda en Francia que se dice que en 1839 se llegaron a pagar más de 70000 francos por un macizo de dalias y, que en otra ocasión se cambió una flor por un diamante muy valioso. Existen infinidad de variedades de dalias: las dalias decorativas, de flores grandes de hasta 30 cm de diámetro; las dalias cáctus, de pétalos largos y estrechos; o las dalias pompón, de flores dobles, redondas y de pequeñas dimensiones.

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