CUIDADOS DE LA ORQUIDEA

En primer lugar debemos escoger el lugar de compra de la orquidea que, por supuesto, debe ser un establecimiento especializado, es decir, una floristería o un vivero de plantas, únicos lugares que nos pueden garantizar la calidad de lo que compramos.

En segundo lugar, debemos decidir el nivel de desarrollo de la planta. Si queremos hacer un regalo, seguramente nos inclinaremos por una orquidea con muchas flores porque es más vistosa, pero si la planta es para tu casa te recomendamos que tenga pocas flores abiertas y muchos capullitos. De esta forma, disfrutarás del placer de ver cómo van saliendo las flores día tras día.

En cuanto a los cuidados, para cultivarlas con éxito en casa es necesario reproducir, hasta cierto punto, las condiciones que sus antepasados tenían en su habitat natural. Como plantas tropicales que son, las orquideas sienten predilección por la luz abundante y uniforme durante todo el año, por eso, una ventana luminosa es la mejor ubicación para ellas, aunque si la luz es muy intensa en verano es conveniente protegerlas con una cortina o un estor que la tamice para evitar el riesgo de quemaduras.

                                                     

Los sustratos para orquideas son bastante distintos de las mezclas de tierras habituales. De hecho, es mejor considerarlos un medio de crecimiento que tierra propiamente dicha. Las orquideas necesitan que, alrededor de las raíces, el oxígeno y el agua circulen libremente, de modo que el sustrato no es más que un medio estabilizador en el que las raíces pueden desarrollarse, por ello, su principal función no es aportar nutrientes a la planta. De ahí que el abono se convierta en fundamental para estas plantas. Los sustratos de orquideas más comunes son los formados por trozos de corteza, aunque también pueden encontrarse de otros materiales.

Al ser originarias de los bosques lluviosos, las orquideas necesitan un nivel de humedad adecuado y constante. En primavera y verano conviene pulverizar sus hojas y raíces una o dos veces al día, preferiblemente con agua abonada. En invierno los riegos se pueden espaciar, aunque todo depende de la temperatura y la humedad de la casa.

A pesar de que muchas orquideas parecen encontrarse muy a gusto aunque el crecimiento de las raíces esté limitado por la maceta, la planta crece y llega un momento en que es necesario trasplantarla; algunas se salen, literalmente del recipiente y otras extienden las raíces hacia los lados. El trasplante es una buena opotunidad para revitalizar la planta. Hazlo preferiblemente en primavera o al final de un ciclo de floración. El procedimiento es muy sencillo y no debes sentir ningún temor a hacerlo mal. Extrae la planta del recipiente y dale unos golpecitos para que caiga el sustrato viejo. Corta todas las partes secas de las raíces e introdúcela en el nuevo recipiente, pero no en el centro, como se haría con la mayoría de las plantas, sino a un lado para que la parte más joven de la planta pueda crecer en el nuevo sustrato. Sujeta la planta con una mano y con la otra introduce la corteza en el tiesto hasta que esté bien asentada. Si la orquidea es una phalaenopsis, no olvides que es importante mantenerle el tutor. Po último, riégala abundantemente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *